miércoles, 18 de mayo de 2016

                     DEFINICIÓN DE EVALUACIÓN DOCENTE 


La evaluación de la docencia comenzó y se desarrolló en Estados Unidos (García Garduño, 2005). 
La evaluación docente en México empezó a la par que en Estados Unidos. El padre Ernesto Meneses Morales de la Universidad Iberoamericana fue el que introdujo el cuestionario de evaluación de la docencia por los alumnos (CEDA), creándose el primer instrumento mexicano de evaluación en 1971 en la UIA. 


No fue hasta los noventas que los cuestionarios de evaluación docente empezaron a ser comunes y aceptados dentro de las universidades públicas. A pesar de la popularidad creciente de los cuestionarios de evaluación (Arbesú, 2004; Gilio, 200; Loredo y Grijalva, 2000), el docente no ha sido, en la mayoría de los casos, un partícipe activo en el proceso de evaluación de su desempeño.




En el periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se instauró como política gubernamental el programa de Modernización Educativa, en el que se determinaba la creación de un sistema nacional de evaluación de las instituciones de educación superior (Arbesú García, 2004). 


La evaluación del docente centra su interés en el conocimiento de las condiciones formales de la actividad docente: manejo de grupo, puntualidad para iniciar y terminar la clase, dominio de los contenidos; difícilmente con estos puntos se ve reflejado el impacto que el docente tiene en las formas de pensamiento y que aprendió el estudiante (Arbesú y Piña, 2003). 


Sin embargo, los diferentes enfoques permiten identificar que la complejidad de la docencia se debe a aspectos de diferente magnitud y naturaleza que determinan su multirreferencialidad, entre los que destacan: los asuntos referidos al orden institucional donde se lleva a cabo la enseñanza, los problemas relacionados con la profesionalidad de los docentes así como las condiciones prácticas de operación de la enseñanza (Pasillas, 2001). 





Momentos de la evaluación 

                                                            Evaluación Diagnóstica:                                                                                                                      
Su finalidad es obtener datos que reflejen los conocimientos y capacidades requeridas para iniciar de manera exitosa un proceso de aprendizaje.                                                                       Debe realizarse al momento en que el docente comienza a trabajar con el grupo, donde se pueden identificar y analizar:  
                                                                                       
  – Expectativas,
– Intereses,
– Motivaciones,
– Experiencias laborales,
– Saberes,
– Capacidades de los alumnos.

El conocimiento sobre las condiciones iniciales de los estudiantes permite anticipar posibles dificultades, orientar el aprendizaje y contextualizar cada situación de enseñanza. 

Evaluación Formativa:
La evaluación de procesos, también conocida como evaluación formativa se relaciona con la mejora de la enseñanza y del aprendizaje. Su propósito es proporcionar información sobre lo que sucede y lo que debería suceder para el logro de la competencia.

La evaluación formativa se considera como una actividad integrada en la secuencia de actividades de un curso, cuya función es reguladora, es decir que permite ajustar las acciones de acuerdo con un objetivo establecido.

En este tipo de evaluación es importante considerar que:
• La evaluación es un proceso que permite la comprensión y la mejora.
• Los errores como oportunidades de aprendizaje.

La evaluación de proceso debe formar parte de la estrategia de evaluación general de un curso. Requiere de diversas técnicas e instrumentos que permitan recoger evidencias de distinto tipo según los procesos evaluados. La información que resulte debe ser muy específica y detallada puesto que interesan las características de los procesos que tienen lugar y no de los resultados del aprendizaje. Es importante complementar la evaluación del docente con procesos de autoevaluación de los estudiantes, considerando los elementos del contexto que influyen en los procesos evaluados. Promover un clima afectivo, basado en la confianza, la seguridad y aceptación de las personas. Considerar el error como oportunidad para aprender.

Evaluación de Resultados:

La evaluación de resultados se lleva a cabo con la intención de comprobar los aprendizajes o capacidades desarrolladas por el estudiante al término de un curso o programa formativo específico. El propósito es mejorar la acción, la evaluación es permanente, simultánea al proceso de enseñanza-aprendizaje.

Si el propósito es de tipo administrativo, la evaluación se realiza al finalizar el proceso formativo. Si la función de la evaluación es identificar las motivaciones, expectativas, saberes y capacidades de los estudiantes respecto a los objetivos formativos, la evaluación se lleva a cabo al iniciar el proceso.

La evaluación de resultados se nutre y sistematiza la información obtenida a través del diagnóstico y de la evaluación de los procesos.

Además requiere de evidencias en las que se interrelacionan las capacidades requeridas, sobre todo a través de situaciones integradoras que permitan al estudiante mostrarlas en su desempeño.

Ámbitos de la evaluación docente 

Evaluación del profesorado ¿Para qué evaluar? ¿Qué evaluar?


La evaluación del profesorado es una práctica que carece de tradición en nuestro sistema educativo. Con la LOGSE (art. 62) se introdujo la exigencia de evaluación del profesorado, como parte de la evaluación del sistema educativo propuesta para garantizar la calidad de la enseñanza, pero el desarrollo efectivo de la norma ha sido poco significativo.

¿Por qué la evaluación genera prevención y suspicacia frecuentemente? ¿Qué nos suscita el término evaluación? ¿Qué entendemos por tal? Probablemente en nuestra historia escolar encontraríamos datos para entender esta animadversión que no sólo se da en el ámbito educativo; con contadas excepciones la denominada evaluación del desempeño en las empresas ha sido un tema conflictivo y desdeñado por el personal de forma masiva.

La evaluación del profesorado se relaciona con dos finalidades básicas: el control, orientado a la toma de decisiones sobre condiciones profesionales y laborales, y la mejora de la actividad educativa y docente, orientada hacia el desarrollo personal y sus necesidades formativas.

Sin duda existen motivos que justifican la primera finalidad. El control social de un servicio público de interés general, las obligaciones contractuales asumidas por el profesorado, la responsabilidad de gestionar eficaz y eficiente de los recursos limitados, son algunos de ellos. ¿Qué evaluar para lograr esta finalidad? Evaluar las competencias educativas o docentes del profesorado en distintos momentos del proceso educativo es una modalidad coherente con el enfoque competencial actual.

Evaluar para mejorar la actuación docente y el desarrollo del profesorado como medio para mejorar la calidad educativa, suscita un mayor interés. En el enfoque competencial podemos describirlo como evaluar para desarrollar las competencias educativas y docentes del profesorado, y debería integrarse dentro de los planes de desarrollo profesional, de formación permanente o de aprendizaje a lo largo de vida.

Mejorar la actuación del profesorado, como parte de un proceso de desarrollo profesional, se basa en tres aspectos fundamentales:

1) Reflexión sobre la propia tarea y sobre lo que acontece en el contexto en el que ésta sedesarrolla.En consecuencia un proceso de evaluación para mejorar la calidad de la enseñanza debe incluir condiciones para la reflexión y promoverla individuamente y en los equipos educativos.

2) Motivación para el cambio. Cuando existe una fuerte motivación interna para aprender, la evaluación se constituye en una estrategia de ayuda para identificar fortalezas y debilidades y encontrar sugerencias operativas de mejora. Conocer la motivación inicial para el aprendizaje y el cambio, del profesorado que participa en un proceso de evaluación permite pronosticar el éxito y diseñar un plan adecuado.


3) Integración de las metas individuales e institucionales. Los cambios que se suscitan a partir de la evaluación del profesorado, no siempre se orientan en la dirección de los objetivos y de las prácticas instituidas en los centros. De igual modo la institución educativa puede detectar necesidad de cambios difíciles de asumir por el profesorado.

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